Tendría que pintar un cuadro que se titulara La persistencia del dolor de cabeza. Va y viene la intensidad pero parece que se ha instalado para quedarse. Habia que tomar medidas drásticas y ayer salí con mi amiga Juana con el propósito de no parar de reír y ser malas, muy malas.Fuimos a merendar chocolate con churros y nos compramos dos vestidos después de probarnos media tienda a la búsqueda de algo en la que pudieran entrar nuestros cuerpos serranos porque toda la ropa era de muestrario y, claro, aquello no nos cabía ni por asomo. Pero lejos de provocarnos frustración, nos dio por bromear sobre nuestras redondeces y al final, tuvimos premio.
Buscamos un local que rebosará glamour para tomarnos un coktel y se nos fue la tarde y casi la noche.
La magia de la noche nos trasladó, al menos, veinte años atrás, cuándo empezó a sonar la música de tres hipsters con su correspondiente barba que tocaban versiones de lo mejorcito del rock and roll.
Me tomé la mejor medicina y hoy estoy casi bien. A pesar de los pecados alimentarios de ayer, las risas pueden con todo.Hoy he hecho cocinitas, de esas de "máximo media hora" y intensivo de series.Y estoy empezando a recordar que hay una actividad llamada sexo que hay que practicar de vez en cuando, sola o en compañía.Lo que decía, nada como una amiga y un poco de música para darnos calor del bueno.
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