martes, 8 de marzo de 2016
8 de Marzo Nuestro día
Ayer pasé un día de los malos. De esos en que no sabes como ponerte. Todo crujía y se quejaba. Pero hoy parece que lo peor de la crisis ya ha pasado. He puesto música, mi mejor medicina y me he marcado unos pasos de baile por la habitación. Cuando aún trabajaba me ponía el despertador muy temprano para tener tiempo de desentumecer los músculos y poder salir a la calle con cierta dignidad. Me trasladaba a una pequeña habitación que usamos de trastero y allí me ponía música para moverme y animarme un poco. Una sola canción puede hacer milagros.
Me he levantado nostálgica. Recordando las manis del 8 de marzo. La verdad es que hoy no creo que vaya. Me dedicaré a la militancia virtual colgando algún mensaje alusivo en el facebook y poco más.
Tampoco creo que me llamé ninguna de las compañeras de trabajo con las que solíamos ir.
Con ellas todo fue bien hasta que empecé a dejar de ser una persona incansablemente productiva. La primera vez que estuve de baja, a la vuelta todo fueron muestras de apoyo y palmaditas en la espalda pero cuando empezó el circulo diabólico de volver cada vez un poco menos recuperada, aguantar el tipo y volver a caer, se acabó la comprensión y empezaron las indirectas.
¿Ya has descansado bastante? me dijo la jefa después de volver de la que fue mi última incorporación en la rueda del hamster. Deseé que se hinchará como un globo y saliera por la ventana a lo Harry Potter. Pero la que salió volando al final fui yo.Y mira que pensé que incluso con dolor aquello podría funcionar: rellenar formularios, escribir emails sentada en un despacho no parecía un trabajo tan cansado como el de comercial. Poniendo como excusa a los niños y un horario compatible cambié de puesto en la empresa varias veces. Desde que empezó la aventura fibromiálgica inicié la búsqueda del trabajo perfecto : menos físico, menos estresante. Habría algo que no supusiera entrar en una cámara de tortura. Los ingresos iban disminuyendo y las frustraciones en aumento. Pasar de querer comerte el mundo a que te coma el mundo es un tránsito para valientes. Pasé en la misma empresa, de promesa directiva a trabajadora problemática. Bueno, hay un perro que me está observando fijamente a la espera del mínimo indicio que indique "paseo". Si no fuera por Bruce, mi pequeño chucho caramelo no saldría de mi madriguera la mayor parte de los días.
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